Blas de Lezo

El Mediohombre

La Asociación Cultural Blas de Lezo tiene como misión difundir y preservar el legado del legendario oficial de la marina española del siglo XVIII.

La forja de un héroe

Blas de Lezo y Olavarrieta

Marino a los doce años, héroe de guerra a los quince y capitán a los veintiuno, la increíble vida del mítico Medio Hombre que disputó veintitrés batallas y no perdió ninguna, navega entre la épica y la leyenda. En la Fundación Blas de Lezo rendimos tributo a la memoria del más grande general de la historia de la Armada Española. 

Nacimiento y Primeros Años

En 1702, cuando sólo contaba trece años, ingresó como guardia marina en la Armada franco-española, en plena guerra de sucesión al trono español (1700-1714). Su educación y preparación las adelantó en París y sirvió por primera vez en la flota del primer almirante de Francia, el conde de Tolosa, bastardo de Luis XIV de Francia.  

Formación y Primeras Armas

En 1702, cuando sólo contaba trece años, ingresó como guardia marina en la Armada franco-española, en plena guerra de sucesión al trono español (1700-1714). Su educación y preparación las adelantó en París y sirvió por primera vez en la flota del primer almirante de Francia, el conde de Tolosa, bastardo de Luis XIV de Francia.  

 

La Guerra de Sucesión Española: comienzan las heridas

En la batalla de Vélez-Málaga, el 24 de agosto de 1704, el apenas adolescente Blas de Lezo perdió la pierna izquierda de un cañonazo, fue ascendido a alférez de alto bordo y continuó en el servicio con una pata de palo.

   

Combates en el Mediterráneo

Pese a su limitación física, el joven marino sirvió con entusiasmo y en 1705, como alférez de navío, asistió al socorro de Peñíscola. En 1706 condujo varios convoyes enviados desde Francia a Felipe V, aspirante borbón al trono español y nieto de Luis XIV, quien se hallaba acampado en Barcelona. En ese mismo año Blas de Lezo atacó e incendió por primera vez un navío inglés, el Resolution, cerca de Ventimiglia.

El sitio del Tolón: pérdida de un ojo

Al año siguiente la adversidad volvió a ensañarse con él, pues, siendo comandante de un destacamento que defendía el fuerte de Santa Catalina, en Tolón, contra el furioso ataque del duque de Saboya, perdió el ojo izquierdo. Empecinado, continuó en el servicio. En 1708 ascendió a teniente de navío en el puerto de Rochefort y en 1710 a capitán de fragata. Dos años después pasó al servicio de la Armada española, a las órdenes del gaditano don Andrés de Pes.

Apresamiento del Stanhope

Poco después interceptó el navío inglés Stanhope, un barco de 70 cañones propiedad de la Compañía de las Indias Occidentales, al mando de John Combs, que le triplicaba en fuerzas y armamento. Sin embargo, el británico sabía que aquella era una persecución a vida o muerte e intuía que no iba a salir bien parado por la demostración de pericia de los marinos que pilotaban aquella pequeña nave española.

Muchos guipuzcoanos navegaban a las órdenes del “medio hombre” y en la cubierta, ante el inminente zafarrancho, se mezclaban las plegarias en euskera, castellano y francés implorando al sumo hacedor la victoria sobre los malvados herejes. La experimentada tripulación a las órdenes de Lezo funcionaba como un reloj suizo. Con hábiles maniobras evasivas obligaban al gran navío a disparar permanentemente en ángulo muerto. De Lezo sostuvo un cañoneo sobrio pero letal, mientras maniobraba velozmente con su pequeña fragata en busca del temido abordaje del cual los británicos huían como de la peste. Tras un combate breve pero encarnizado, la suerte de las armas sonrió a los españoles.

 

Sitio de Barcelona

El 11 de abril de 1713 se firmó la Paz de Utrecht y concluyó la Guerra de Sucesión Española, en virtud de la cual la casa de Austria renunció a sus derechos sobre el trono español y éste pasó a manos de los Borbones. Sin embargo, la ciudad de Barcelona, que había apoyado al pretendiente austracista, no quiso entregarse y resistió por más de un año el asedio franco-español, el cual terminó con el asalto a la ciudad, el 11 de septiembre de 1714.

Blas de Lezo participó en esta campaña desde el mar, aplicando todo su ingenio para evitar la llegada de suministros a los sitiados. En uno de los combates, el 14 de agosto, el capitán de fragata fue alcanzado por un disparo de arcabuz y perdió prácticamente toda la movilidad de su brazo derecho. Así, a sus 25 años, Blas de Lezo había sido mutilado en la mitad de sus miembros. Sus paisanos guipuzcoanos lo llamaban en vascuence «Anka-Mortz» (Medio-Hombre). Luego de una corta recuperación, se reintegró al servicio y viajó a Italia con la escuadra que traería a España a la reina doña Isabel de Farnesio. En 1715, Blas de Lezo participó en la reconquista de Mallorca, que encabezó don Pedro de los Ríos.

Limpiando de piratas los mares del sur

Reorganizada tras los estragos de la Guerra de Sucesión, la Armada española se dedicó a contrarrestar la acción de los piratas ingleses y holandeses, que sembraban el terror en los virreinatos americanos y atacaban las flotas de Indias. Blas de Lezo fue comisionado a ese servicio. En 1716, como comandante de El Lanfranco, condujo los galeones de Nueva España que debían llevar a España un cargamento de plata. Inmediatamente después pasó a formar parte de la escuadra de Urdizo y Martinet contra los piratas del Mar del Sur, en cuyo servicio permaneció varios años, durante los cuales navegó continuamente a lo largo de las costas del Perú y de Chile.

Se estableció en Lima, capital del Virreinato del Perú, por aquel entonces una de las ciudades más pobladas y ricas del mundo, siendo recibido como un héroe por la aristocracia local, ya que en repetidas ocasiones el marino español logró derrotar a los corsarios enemigos y se convirtió en toda una leyenda por sus sorpresivos ataques contra los bucaneros.

Matrimonio y regreso a España

El 5 de mayo de 1725, Blas de Lezo se casó en Lima con Doña Josefa Mónica Pacheco Bustíos. La ceremonia se celebró en la hacienda de la Magdalena, oficiada por fray Diego Morcilla, arzobispo de la ciudad. Doña Josefa pertenecía a una familia de hacendados del valle de Locumba, en el reino del Perú, donde había nacido el 6 de mayo de 1709. Su familia paterna era una de las más distinguidas de Arequipa. En España había heredado mayorazgos en las provincias de Ávila y Salamanca. El matrimonio tuvo un total de siete hijos, dos de los cuales nacieron en Lima. En 1730, por real orden, Blas de Lezo y su familia regresaron a España, instalándose en la ciudad de Cádiz.

La expedición a Génova

Nombrado comandante de la Escuadra del Mediterráneo acompañó, en diciembre de 1731, al infante don Carlos (futuro rey Carlos III) a Italia, a tomar posesión de los ducados de Toscana, Parma y Florencia. Allí también brilló el genio guerrero del guipuzcoano, pues al mando de seis navíos puso rumbo a Génova, que aprovechándose de la debilidad española durante la Guerra de Sucesión llevaba varios años sin pagar los tributos debidos a la Corona. Anclado en la bahía de la ciudad, el miedo que inspiraba su sola presencia bastó, sin disparar un solo tiro, para cobrar los dos millones de pesos pendientes de abono. Una suma tan fabulosa que fue inmediatamente invertida en la conquista de Orán y Mazalquivir.

Batallando en tierras africanas

La expedición zarpó de Alicante el 15 de junio de 1732, con Blas de Lezo como segundo comandante de la escuadra. Entre el 25 y el 28 de junio las tropas españolas conquistaron la ciudad. Logrado el triunfo, el contingente regresó a España y el Medio-Hombre fue comisionado para dar escolta a ciento veinte embarcaciones de transporte. Pero dos meses después, los berberiscos intentaron recobrar la perdida plaza, acción en la que murió el gobernador, el marqués de Santa Cruz de Marcenado.

Al conocerse la noticia, el guipuzcoano fue encargado de romper el sitio y salvar a la ciudad. Lo logró al mando de siete naves de guerra y veinticinco transportes. El 6 de junio de 1734, fue promovido a teniente general de la Armada y nombrado comandante general de Cádiz. Para entonces, su salud comenzaba a resentirse después de tantas heridas y muchos años de constante batallar.

Las intrigas de la corte

Instalado con su familia en Madrid, el 15 de mayo de 1735 otorgó testamento en la Villa y Corte. Por esos días hizo pintar su retrato, pero la vida palaciega no estaba hecha para un marino acostumbrado a la libertad de la vida en el mar. Las envidias que su impecable vida de servicio a España despertaba entre los favoritos del rey, hacen de él objeto de las críticas y las habladurías de toda clase de arribistas maledicentes.

La oreja de Jenkins

El Tratado de Utrecht reconocía a los británicos ciertos derechos, perfectamente regulados, en el lucrativo negocio del comercio con la América Española: el llamado Navío de Permiso y el Asiento de Negros, que significaba de facto el monopolio en el tráfico de esclavos. Sin embargo, los contrabandistas ingleses abusaban de esos privilegios aprovechándose de la debilidad española, hasta que las reformas emprendidas por la marina española permitieron organizar una flota de “guardacostas” para poner coto a esos desmanes.

En 1731, frente a las costas de Florida, el Bergantín Rebecca, capitaneado por Robert Jenkins, fue abordado por el buque español La Isabela, comandado por Julio León Fandiño. El capitán español le cortó una oreja al inglés y lo mandó de vuelta para su casa con un mensaje de aviso a los futuros transgresores: “Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. El muy agraviado Jenkins, con su apéndice auditivo amputado, pero bien conservado en vinagre en un tarro de cristal, se plantó en Westminster para exigir venganza ante un parlamento que no tardó en exigir a su Graciosa Majestad la declaración de guerra contra el rey de España.

La defensa de Cartagena de Indias

Blas de Lezo, que había sido nombrado jefe de la escolta de los galeones de Tierra Firme, partió de Cádiz el 3 de febrero de 1737 con dos navíos, ocho mercantes y dos registros, escoltando los galeones que se dirigían a Cartagena de Indias. Arribó a este puerto el 11 de marzo de 1737. El capricho de la historia lo había situado justo en el epicentro de la conflagración a punto de desencadenarse.

Descubre toda La Batalla de Cartagena de Indias​

Muerte en Cartagena y olvido

Poco después del triunfo, Blas de Lezo murió en 1741 en Cartagena de Indias, posiblemente debido a las complicaciones derivadas de las heridas producidas por una bala de cañón enemiga cuando se encontraba a bordo de su buque insignia, el Galicia. Sus diferencias con el virrey Eslava provocaron que, a pesar de su increíble victoria, su nombre fuera relegado al olvido durante muchos años, sin recibir el reconocimiento oficial que sus muchas gestas merecían.

Reconocimiento póstumo y legado

En las últimas décadas, Blas de Lezo ha sido reivindicado como un símbolo de valor y destreza militar. Su figura ha sido recuperada en libros, estatuas, documentales e incluso monedas conmemorativas. Hoy, es visto como uno de los estrategas navales más importantes de la historia mundial. Los momentos clave en la vida de Blas de Lezo nos muestran la trayectoria de un hombre que, a pesar de las heridas, las dificultades y la ingratitud, nunca dejó de luchar por su patria. Su historia inspira no solo por lo que logró, sino por cómo lo logró: con coraje, inteligencia y una voluntad de hierro.

El sitio de Cartagena de Indias en cifras

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marinos ingleses frente a 3.000 soldados españoles

0

barcos británicos frente a 6 navíos españoles

0

cañones ingleses por 700 piezas españolas

Quiénes somos

Asociación Cultural Blas de Lezo

La Asociación se constituyó el 7 de Junio de 2013 por las inquietudes comunes de sus Socios Fundadores en admirar la figura y la gesta histórica de Don Blas de Lezo que, siendo uno de los marinos y hombre más relevante de la Historia de España, a fecha de hoy, sigue siendo un verdadero desconocido para la gran mayoría de españoles.

Viaje

Todos los años organizamos un viaje a Cartagena de Indias recorriendo los pasos del héroe más grande de la Armada

Exposición itinerante

La colección

Más de 100 piezas entre las que destacan casi 50 cuadros, varias esculturas, facsímiles y banderas de los regimientos que participaron en el asedio a Cartagena de Indias y otras  acciones militares que llevó a cabo don Blas de Lezo a lo largo de su vida.

Regalos para todos

Nuestra tienda

Una selección de libros, láminas, réplicas y complementos que harán las delicias de todo aficionado a la apasionante historia del mítico marino y héroe de la Armada D. Blas de Lezo y Olavarrieta.

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FAQ

Preguntas frecuentes sobre Blas de Lezo

No lo era. Aunque de forma popular se le conoce como almirante, lo cierto es que Blas de Lezo nunca llegó a ser nombrado como tal. De hecho, alcanzó un rango superior, el de Teniente General de la Armada, pero sin haber pasado previamente por el de almirante.

Nunca. Esta frase popular se le atribuye a Don Blas de Lezo como símbolo de resistencia ante el por entonces pujante imperio británico. Aunque combatió bravamente contra Inglaterra, no hay constancia de una animadversión especial del bravo marino hacia Inglaterra. En cambio, sí existía una relación a medio camino entre la rivalidad y el respeto contra otros estrategas contra los que combatió, como el propio Vernon. De hecho, Don Blas de Lezo tenía depositada buena parte de sus ahorros en un banco de Londres.

El almirante Vernon perdió 50 barcos en la batalla de Cartagena de Indias pero Blas de Lezo participó en más de 22 batallas navales (no sólo contra Inglaterra), así que la suma total de barcos enemigos hundidos por Blas de Lezo es incalculable.

Más de tres meses. Para ser exactos, el asedio del almirante Edward Vernon comenzó el 26 de agosto de 1815 y terminó con una estrepitosa derrota a manos de Blas de Lezo el 6 de de diciembre del mismo año. Es decir, 102 días de asedio en total.

Don Blas de Lezo fue enterrado en Cartagena de Indias, el lugar donde murió a consecuencia de la infección de las heridas que sufrió en la defensa de la ciudad. Las últimas investigaciones al respecto apuntan al Convento de Santo Domingo como el lugar exacto donde reposan los restos del héroe de la Armada.

Blas de Lezo perdió su pierna y ojo izquierdos en diferentes batallas al comienzo de su carrera. Por otro lado, aunque no se lo amputaron, perdió la movilidad del brazo derecho, también en acto de combate. La combinación de estas graves heridas de guerra hicieron que desde joven empezara a ser conocido como Mediohombre.

No lo era. Aunque de forma popular se le conoce como almirante, lo cierto es que Blas de Lezo nunca llegó a ser nombrado como tal. De hecho, alcanzó un rango superior, el de Teniente General de la Armada, pero sin haber pasado previamente por el de almirante.

Nunca. Esta frase popular se le atribuye a Don Blas de Lezo como símbolo de resistencia ante el por entonces pujante imperio británico. Aunque combatió bravamente contra Inglaterra, no hay constancia de una animadversión especial del bravo marino hacia Inglaterra. En cambio, sí existía una relación a medio camino entre la rivalidad y el respeto contra otros estrategas contra los que combatió, como el propio Vernon. De hecho, Don Blas de Lezo tenía depositada buena parte de sus ahorros en un banco de Londres.

El almirante Vernon perdió 50 barcos en la batalla de Cartagena de Indias pero Blas de Lezo participó en más de 22 batallas navales (no sólo contra Inglaterra), así que la suma total de barcos enemigos hundidos por Blas de Lezo es incalculable.

Más de tres meses. Para ser exactos, el asedio del almirante Edward Vernon comenzó el 26 de agosto de 1815 y terminó con una estrepitosa derrota a manos de Blas de Lezo el 6 de de diciembre del mismo año. Es decir, 102 días de asedio en total.

Don Blas de Lezo fue enterrado en Cartagena de Indias, el lugar donde murió a consecuencia de la infección de las heridas que sufrió en la defensa de la ciudad. Las últimas investigaciones al respecto apuntan al Convento de Santo Domingo como el lugar exacto donde reposan los restos del héroe de la Armada.

Blas de Lezo perdió su pierna y ojo izquierdos en diferentes batallas al comienzo de su carrera. Por otro lado, aunque no se lo amputaron, perdió la movilidad del brazo derecho, también en acto de combate. La combinación de estas graves heridas de guerra hicieron que desde joven empezara a ser conocido como Mediohombre.

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